domingo 22 de junio de 2008

(6)


Arturo dejó caer sobre las sábanas negras unas lagrimitas que manchaban la tela con lunares violetas. Miraba con resignación las formas que dibujaba su tristeza, las miraba de lejos, de cerca, trataba de analizarlas, les pedía una respuesta, desesperadamente anhelaba que sus lágrimas le devolvieran la calma que hasta hacía poco tenía. Es que le resultaba tan extraño cómo se podía ir de un estado al otro en tan poco tiempo, casi sin aviso previo.
El dolor, si tenía que describirlo, era intenso y profundo. Hacía mucho que no lo sentía y en realidad estaba bastante contento por eso. De hecho hasta había llegado a sentirse orgulloso, era algo así como un logro, un logro personal.
No era fácil delimitarlo, así como tampoco era fácil entender su origen. Podría barajar muchas causas, o posibles motivos, podría ser alguno de ellos, o todos juntos, pero de lo que no tenía dudas, era de que en algúm momento, algo había salido muy mal.